26/8/13

"Feliz cumpleaños", Francisco Bochatón (Del disco: "Cazuela" - 1999).


Ven, amamántame con tu pecho solitario.

Feliz Cumpleaños by Francisco Bochaton on Grooveshark

Desde la época de los Peligrosos Gorriones, pero sobre todo como solista, Francisco Bochatón es un fantasma sin nicho en el cementerio megamonoblock del Nock Racional, es decir: esa megalópolis estéril digna de Fritz Lang, ese kaiju de muchas cabezas y escasos cerebros (campera por corazón, pura foto sin canción) que suele recibir el mote dudoso de: "Rock Nacional" (así, con mayúsculas y todo) por parte de los grandes cráneos anónimos y no tanto, forjadores de souvenirs pseudoliterarios para el suplemento Afirmativo de los viernes, con sus lapiceras desafiladas de tanto firmar cheques, cheques, cheques, baby, entre quienes me incluiría, excepto que jamás en mi vida he firmado un cheque y entretengo la idea de que solamente lo haría para pagar por un cartón de leche, como el Gran Lebowski.
Lo que pasa es que Bochatón es muchas cosas que le quitan la posibilidad de hacerse de un lugar cómodo dentro de la música contemporánea vernácula (diría, tal vez, Julio Mahárbiz, si es que aún vive, cosa que ignoro).
Para empezar, Francisco Bochatón es un poeta antes que un rocker. 
Dirán lo que digan, pero el rock no tiene muchos poetas y sí tiene muchos tipos que hacen letras porque no les gusta hacer música instrumental, pongámosle, o porque ya no alcanza con tener una remera del Che, que se consigue baratita y en cualquier lado, del color que mejor combine con la funda de tu smartphone revolucionario y antisistema, para transmitir un mensaje popular e inequívoco. 
Es irrelevante la valoración que uno haga de su obra. El tipo puede ser un poeta genial o un poeta pésimo (yo pienso que es un poeta maravilloso, la verdad), pero es un poeta, un ser sujeto a esa rara ocurrencia humana que provoca en algunos especímenes la búsqueda del Verbo hecho palabra. 
Y como poeta, también es un perdedor, porque todo poeta está predestinado a perder y a hacer de la derrota su leche y su pan e ir vagando de aquí para allá como un navegante sin brújula en un barco sin mástiles que surca un mar sin agua
La derrota del poeta, para aclarar los tantos, es la imposibilidad de decir siendo dicho, de ser uno con su obra y de anularse, realizando la paradoja, a través de su poesía. 
El poeta quiere dejar de ser y que sus poemas sean por él, pero no puede, por supuesto, porque él está hecho de carne y sus poemas están hechos de nada. 
Otra cosa que es Bochatón es un gran intérprete, lleno de limitaciones técnicas que, en el caso de Cazuela, juegan en favor de que la música se presente al oyente como una traducción creíble de lo que intraduciblemente sucede en la psiquis de su ejecutante; una traducción sin F7 ni autotune; un artefacto que no tiene más afiche que lo que sea que valga por sí mismo y que, así y todo, brilla por cuenta propia y alza la voz hasta que se hace escuchar.
Entre los mantras melódicos de Feliz Cumpleaños y el aparente absurdo infantil de su letra se esconde algo enorme, la desesperación de un hombre intentando apoderarse del mar y bebérselo de un trago, en un impulso genuinamente poético, que nada tiene que ver con las mil formas posibles de rimar amor, ni con la humedad perenne de bombachas que gritan: ¡Cállese y quíteme mí dinero, señor de moda! 
No sé hasta dónde, ni cuánto de eso queda en la obra musical de Bochatón, al día de hoy, pero Cazuela está ahí, ya ha sucedido y aún sucede y nunca dejará de suceder, su legado poético y su disco de profeta con la maldición de Cassandra, al que casi nadie toma en serio, aunque acierte con alarmante frecuencia. 

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