Me acordé de un sketch de Cha Cha Cha en el que Luis Pedro Tony hacía un infomercial maravilloso y luego daba pie al locutor (Alfredo Casero, disculpen si su sola mención hiere alguna susceptibilidad política hiperdesarrollada) quien nos informaba que, si por el lechón fuera, se autocomería con chimichurri Worcestershire.
Si por mí fuera, entonces, y si me permiten trazar una analogía con el estoico porcino que a tanta gente alimenta para las Navidades, pondría en todas las canciones, en absolutamente todas las canciones del mundo, guitarras pasadas al revés e instrumentos efecteados con trémolo.
Por suerte, no necesito poner esas dos cosas en todas las canciones, porque los Electric Prunes ya lo hicieron por mí en todo su (espléndido) disco, I had too much to dream (Last night), como para aplacar sobradamente mi apetito.
En mi humilde opinión (humilde, ja, sí, no sé a quién quiero engañar), éste álbum se destaca entre la superpoblada escena de música psicodélica de los 60's, tal vez a mitad de camino entre la psicodelia chabón (dentro de muchos años, cuando muera en la más absoluta miseria y sólo me recuerden un puñado de mis acreedores, es probable que los suplementos Afirmativo y Negativo, o como quiera que se llamen en la Nuevalengua del futuro distópico que nos toque en suerte, no me dediquen ninguna necrológica, pero alguno de ustedes recordará que, si de algo me enorgullezco, es de haber acuñado el término "psicodelia chabón", hoy, en este mismo artículo) de los Doors y la sofisticación musical de la Soft Machine de Kevin Ayers o del primer Pink Floyd y, en otro plano, lejos, lejos, donde cagan los conejos, pero lejos, les decía, de la psicodelia brutal de garage o, por qué no, proto-punkodelia de bandas como los 13th Floor Elevators de Roky Erikson.
Siguiendo el consejo de la mamá de Marge Bouvier de Simpson, no voy a establecer un punto de comparación con otras bandas Californianas más conocidas, como Jefferson Airplane o Grateful Dead, ya que no tengo nada bueno que decir de ellas, en general, más allá de que puedan tener alguna buena canción, pero sí me gustaría hacer mención a otras bandas psicodélicas provenientes del Nuevo Continente, como Moby Grape, Red Krayola y Silver Apples, por mencionar solamente a tres, además de los ya mentados (siempre injustamente infravalorados y sobrevalorados) Doors, las cuales me tomo la libertad de recomendarles, queridos lectores y lectoras y lectoros y lectorus, aunque, personalmente, no me gusten tanto como los Electric Prunes.
I had too much to dream (Last night) es, como su título lo dice, un paseo onírico que no requiere, necesariamente, el consumo de drogas psicotrópicas ni de ninguna otra suerte de aditivo mental para elevarnos a ese cielo de creatividad ilimitada en forma de diamantes, donde Lucy se cruza con el Superman Soleado de Donovan mientras, allí abajo, Timothy Leary surca rutas caleidoscópicas montado en su famosa bici y con destino, ni más, ni menos que a los confines infinitos de la percepción.








