4/4/14

Festival Lollapalooza Argentina (1 y 2 de Abril de 2014).


(Foto de Anabella Nolasco / Lollapalooza Prensa).

No voy a mentirles: me gustan los festivales de rock y me gustan por las peores razones posibles. Me gusta que son ruidosos; me gusta el éxtasis de la multitud, que me contagia, que nubla mi capacidad crítica, que me hace saltar y bailar (muy, muy mal) y agitar la cabeza como un verdadero imbécil y corear los estribillos de canciones que muchas veces, y en todo otro contexto, ni siquiera me parecen la gran cosa. Me gustan los festivales de rock por los mismos motivos por los que me gustan el fútbol y el sexo y casi todas las otras cosas que me gustan: porque me sacan de mí hacia un lugar superior o inferior, da igual, pero es otra parte, una realidad paralela en donde, en este caso puntual, decenas de miles de personas pueden ser un mismo organismo vivo en perfecto Gestalt, que sucede cuando la suma de las partes se convierte en algo mejor que las partes, en su expresión perfecta. De a ratos, uno puede mirar la cara de la persona que tiene al lado y ver que fluye la verdadera belleza, la belleza dionisíaca del alma que deja el cuerpo y el cuerpo que se deja abandonar. Me gustan los festivales de rock, porque sé que son la última línea de defensa de mi cuerpo joven y de mi mente inocente, y puede que hasta sean la expresión más pura de mi identidad. Más allá de esa barrera me espera un anciano cínico incapaz de dejar de escuchar el tintineo de los engranajes de su propia vida, aunque fuere por un momento. Un tipo que sabe y permanentemente piensa que se va a morir un día, y por eso mismo ya ha empezado a morirse. Ese hombre es mi enemigo y reniego de su existencia.

Para todos, entonces, menos para él, va la siguiente breve reseña de los shows que vi en el festival:

1 DE ABRIL.
PORTUGAL. THE MAN - 14:00hs, escenario ALTERNATIVE.


Bajé del tren pasada la una y media de la tarde. Viajé bastante bien, de pie, pero cómodo, leyendo la colección de cuentos de Sam Shepard que publicó hace unos años Página 12. Recomiendo el libro, aunque no venga al caso. No conocía el Hipódromo de San Isidro, pero eso no me causó ningún problema, porque lo que sí conozco es la rutina de seguir el rastro de los cardúmenes de jóvenes y gente vestida con ropas extravagantes. Nunca falla. Luego de pasar los controles de seguridad vino una larga procesión por los pasajes interiores del predio, que se me hizo casi bíblica, o tal vez estoy demasiado viejo para estas cosas, pero lo cierto es que llegué justo para hacer una breve recorrida de reconocimiento de los distintos escenarios del festival, antes de la hora del primer show que había anotado mi esposa, a pedido mío, en una hojita de papel. O al menos eso pensé. Verán: mi idea era escuchar parte del show de Portugal. The Man y parte del show de Juana Molina, cuyos horarios de inicio se superponían. OK, pensé, da lo mismo empezar por cualquiera, y decidí empezar por los de Portland. Murphy mediante, sin embargo, no dio lo mismo en absoluto, porque el show de P.TM se demoró casi una hora por culpa de inconvenientes técnicos. Si hubiera empezado por Juana Molina, podría haber visto ambos shows completos, pero en cambio, en esa casi hora de demora tuve tiempo de dejar quemar ridículamente al sol la mitad izquierda de mi cara y de perder las ganas que tenía de ver a la banda. ¿El show? No sé, poco y nada. La primera canción fue involuntariamente instrumental, por culpa de los desperfectos técnicos que mencionaba; luego la banda entró en calor, ayudada por un público de, mayormente, adolescentes entusiasmados por escuchar rock, cualquier clase de rock, supongo, que igualmente los aplaudieron. Probablemente debería verlos en vivo en otro contexto para tener una opinión un poco más compleja que la palabra "meh", que es la que me viene a la mente ahorita mismo.

JAKE BUGG - 16:00 hs, escenario ALTERNATIVE / CAGE THE ELEPHANT - 16:00 hs, escenario MAINSTAGE 2.


Terminado el fallido primer concierto del día, me encontré con mi esposa delante del recinto destinado a esa especie de no sé qué para niños (supongo que para niños) llamado, imaginativamente, Kidzapalooza. Lo vi a Daniel Hendler con su hijo y logré, no sé cómo y tensando hasta casi romperse cada una de las fibras de mi cuerpo, evitar acercármele y decirle: "Walter: ¿Querés que te prepare un pollito?" ¡Ah, Jake Bugg! Bueno, Jake Bugg ya había empezado a tocar. Sonaba bien. Está bien lo que hace, pero es muy pibe y no le dimos mucha bola. Es como si Oasis no se hubieran aburrido de hacer buenas canciones, pero tampoco es tan bueno como era Oasis cuando eran buenos. Escuchamos tres temas y decidimos ir a ver qué tal sonaría el show de Cage The Elephant, cuyos discos me habían gustado bastante. Resultó que sonaba como el culo, como un culo con pésima definición de sonido. No sé si el cantante se burlaba del público y de sí mismo, pero me pareció un pelmazo. Puro prejuicio de mi parte, pero qué difícil es sacarse esos prejuicios de encima, una vez instalados. Empecé a pensar si no tendrían razón todos los que, desde hacía semanas, tal vez meses, desde las redes sociales, auguraban (y probablemente también deseaban, con esa maldad ingenua e inocua de los snobs) un festival calamitoso.

JULIAN CASABLANCAS - 17:00 hs, escenario MAINSTAGE 1.


¿Cómo puede saberse que está sonando mal una banda cuya marca registrada es, pongámosle, sonar mal? Citando a San Agustín, les diría que lo sé si no me lo preguntan, pero que si me preguntan, no puedo decirlo. Pero, creánme: se sabe. Le admito a Casablancas, sin embargo, una actitud que se acerca al rock, al rock de verdad, en remera y zapatillas y duro como un mármol. Y, qué se yo, le pidieron Reptilia y tocó Reptilia. ¿No está bien, eso? Hay demasiados artistas que se creen la gran cosa y no hacen covers ni temas a pedido. Bueno, Casablancas tocó Reptilia, porque se lo pidieron. Y también hizo algunas bromas y parecía estar pasándola bien. El show fue medio una mierda, eso sí. Sonaba mal y demasiado fuerte. Pero está bien, uno no siempre obtiene el valor del dinero que pagó y el rock también es eso. Siempre se puede ir a ver un tributo a Pink Floyd, si uno quiere lo seguro.  

PHOENIX - 19:00 hs, escenario MAINSTAGE 1.


Ya les había comentado que no sé bailar. No sé bailar. No me gusta bailar. En realidad no es cierto que no me guste bailar, sino más bien que no me gusta bailar como la gente que sabe bailar; aprender pasos de baile, coordinarlos con la música, lograr la pose justa para que el observador ocasional diga, para sí o para otros: qué bien que baila aquél. Pero no puedo evitar las respuestas de mi cuerpo en diálogo con la música. Estertores, agitaciones ondulantes, algún reflejo futbolero furtivo. Phoenix me obligó a usar todo mi repertorio de placebos con los que suplanto al arte de la danza. Fue un show fabuloso. Describir un show, describir qué hace bueno a un show, es una tarea un poco ridícula que uno acomete, cuando lo hace, esperando reflejar su propia sensibilidad superior, y acaso sea lo que vengo haciendo en este blog (y en mi vida) desde el principio. Pero justo ahora no me sale. Me sale más bien decirles que un show que no esperaba tan bueno me alegró a la vez que me cagó un poquito la noche, porque, caramba, qué podía quedar para el resto de los shows, después de semejante alegrón. Me costaba imaginarlo. Aunque...

NINE INCH NAILS - 20:3000 hs, escenario MAINSTAGE 2 / NEW ORDER - 20:30 hs, escenario ALTERNATIVE.


La Historia Universal está surcada de tachaduras y manchones de un fibrón que empuña la injusticia. Me gustaría haber podido usar esa frase para englobar una idea relevante y transformadora, pero como no tengo ninguna de esas, la uso, en cambio, para referirme al hecho de que Nine Inch Nails y New Order hayan sido programados para tocar a la misma hora en el festival. Es lo que hay. No creo absurdo trazar una línea genealógica de la música electrónica o influenciada por la electrónica, emparentando a ambas bandas. Tal vez uno podría empezar por Kraftwerk, seguir por Joy Division, naturalmente continuar por New Order y luego trazar una hipotética flecha hacia Depeche Mode, Ministry y, por último, al menos en cuanto al ejemplo que nos concierne, colocar a la banda de Trent Reznor, que además, indudablemente ha nutrido su fuente de otros cántaros, pero en fin, atengámonos a la electrónica y protoelectrónica. Tampoco creo absurdo, entonces, deducir que New Order y NIN tengan muchos escuchas en común. Me presto de ejemplo. En fin, ofendido ante semejante impiedad de los organizadores del show, decidí seguir el sabio consejo de Damián Carlo, quien me prometió que New Order cerraría con canciones de Joy Division, lo cual sucedió y es aún una prueba más de la infalibilidad logística de mi amigo, y empezar por NIN. Los 20' que vimos de la banda de Cleveland, Ohio, fueron demoledores, en el mejor sentido. El sonido... perfecto. Tal vez el sonido mejor logrado del festival. Dejamos el escenario 2 luego de una seguidilla de dos temas de The Downward Spiral, que me sigue pareciendo una obra maestra, una especie de Dark Side Of The Moon grabado por el árabe loco Abdul Alhazred, entre capítulo y capítulo de su Necronomicón.
Llegamos a New Order justo, justito para Bizarre Love Triangle. Fue un gran show, que me resultó un poco, apenas un poquito triste porque no pude dejar de comparar la decadencia física de Bernard Sumner, que, ya lo sé, no es su culpa y ya me gustaría ser él, no digo que no, con la vitalidad de los músicos de Phoenix, en pleno apogeo de la banda Parisina. Y además, no estaba Peter Hook. Es decir... ¡Peter Hook! Pero hago algo de mea culpa, igual, por dejar salir un poquito al viejo de mierda que me habla estas cosas al oído cuando ojalá se callara. Disfrutamos un show muy bueno, y la también triste posibilidad de escuchar las canciones de Joy Division, ejecutadas por algunos de sus miembros originales. Es algo.

ARCADE FIRE - 22:00 hs, escenario MAINSTAGE 1.


El show de Arcade Fire fue, en realidad, todo lo que dicen que fue. Fue emotivo, fue potente, sonó de puta madre. Pero yo quería escuchar más de lo que hacían antes. ¡Más temas de Neon Bible! Lo que hacen ahora está bien, no me resulta deleznable, ni mucho menos, pero no creo que tenga ni la mitad del valor artístico de Neon Bible y Funeral. El show se me hizo un poco largo, pero puede que estuviera cansado. Fueron ocho horas de pie, a mis años, ténganme paciencia. Me levantaba y cantaba mis canciones favoritas y luego hibernaba durante las dos siguientes. Así las cosas. Tampoco ayudó la presencia de un perfecto tarado que cantaba todos los temas y aplaudía él solo y fuera de ritmo en mi oído izquierdo. Me banco que cante, yo también lo hago, pero aplaudir solo y fuera de ritmo es inaceptable y debería ser punible con la pena capital. Pero estuvo bueno. El show. Puta, me parece que no me creen, pero sí, en serio. Estuvo bueno.

2 DE ABRIL.
ÉL MATÓ A UN POLICÍA MOTORIZADO - 14:00 hs, escenario MAINSTAGE 2.


Hace unos años le había agarrado algo de bronca a EMPM o como se abrevie (¿sigle? ¿siglifique?). Supongo que no me bancaba la furia primal de su público más joven. Sucede una cosa un poco extraña, aún, una suerte de Patricioreyysusredonditosdericotamanía que genera el aura de la banda, a pesar de que la banda, en sí, desde su actitud y su aspecto y su calidad artística, no pareciera alentarla en absoluto. Eso me gusta muchísimo. Podrían jugar con el feedback del público y no lo hacen. Lo hacen apenas, casi sin querer. En cambio, ¿qué hacen? Unas canciones increíbles. Antes del último disco estaban en el punto de romper el primer hervor y relajarse, o sacar un disco aún mejor que todos los anteriores. Es un alivio, para aquellos a quienes nos gusta la música de Él Mató, que hayan hecho lo segundo y que ahora estén dando los shows buenísimos que están dando, que suenan alto, fuerte y lejos, como decían los relatores de fútbol de AM, cuando yo era chico.

JOVANOTTI - 14:45 hs, escenario MAINSTAGE 1.


Es un tano chanta y logró embarrar aún más el predio, ya embarrado por la lluvia del domingo, de humedad de bombachas treintañeras, pero le banco que tiene carisma y se viste bien. Aunque tocó Mariposa Technicolor, el muy hijo de putas. Pero no, no, es buen tipo, el tano. Qué se yo. ¿Por qué estoy escribiendo esto?

JOHNNY MARR - 15:45 hs, escenario MAINSTAGE 2.


Desde el año 2000, hasta ahora, tuve la suerte de ver a Morrissey en vivo unas cuantas veces, no recuerdo si tres o cuatro. Y las disfruté mucho. Pero no fue sino hasta haber visto mi primer show de Johnny Marr que me di cuenta de todo lo que les falta a los shows de Morrissey, y de lo increíble que debe haber sido uno show de los Smiths en su mejor época. La banda de Marr sonó demasiado bien, demasiado fresca y ágil, no como la banda de un artista consagrado que sale de gira con sesionistas, que muchas veces es lo que sucede con Morrissey, aunque se lo perdonemos o ni nos demos cuenta, porque lo queremos y su sola presencia nos hace felices, sino como una banda de rock tocando sus canciones en vivo y queriéndose comer al mundo de un bocado. Y no es pretensioso. Johnny Marr no necesita vivir de la nostalgia, aunque sus carrera solista no haya tenido los puntos altos (pero tampoco los bajos) de la de Moz, y sin embargo toca los temas de los Smiths y se los regala a los fans de antes y a los de ahora, a sus "darlings", y al Kun Agüero, porque fuck you, that's why. Y además tocó I fought the law. Hacía muchos recitales que no estaba tan feliz entre el público y no me avergüenza admitirme culpable de la misma humedad de bombachas que las treintañeras fascinadas con Jovanotti, aunque a mí me parezca que mi fascinación va por otro lado (quién sabe y a quién le importa).

VAMPIRE WEEKEND - 17:45 hs, escenario MAINSTAGE 2.


Me encanta Vampire Weekend. Me parecen una de las mejores bandas de la década. Tienen tres discos impecables, a cual mejor que el anterior, y no se abrochan a un género, sino que van cambiando. No me importa que el cantante sea un pendejito canchero y me haya recordado un poco al personaje de Michael Pitt en la película Funny Games, antes de develar sus colores verdaderos, con su ropa cheta y su sonrisa ladeada. Igualmente, eso se compensa con la pinta del bajista de técnico recibido de la UTN, así que a tomar por culo. Me entregué a un gran show y me dejé llevar por una marejada de pendejitos contentos, radiantes de felicidad, con ganas de bailar y saltar y todo eso que uno hacía antes con mucha más frecuencia y desparpajo y ahora hace medio a escondidas y de vez en cuando.

PIXIES - 19:00 hs, escenario MAINSTAGE 1.


¡Me quiero volver chango! ¡Qué fuerte, qué bien que suena esta banda en vivo! ¿Extrañé a Kim? Sí, claro que la extrañé, nunca estuve enamorado más fuerte de ninguna mina del rock que de ella, cuando se me daba por esas cosas. ¿Hubiera sido mejor con ella? Claro. Claro que sí. ¡Pero no importa! El gordo Frank, cero demagogia; Joey, que, más pasa el tiempo y más se parece al Sr. Miyagi, lo cual a mí se me hace una señal de su creciente sabiduría; el loco David, que siempre está vestido como para ir a jugar al golf y Paz Lenchantin, que hizo un trabajo mucho más que digno, dada la longitud de los zapatos que debía llenar, hicieron un show formidable, con pifies y risas y fufú y chucuchucuchucu, como me gustan a mí, que soy medio chapado a la antigua y me gustan las bandas que no se disfrazan ni hacen el show de lasers más moderno del universo para disfrazar el hecho de que ya no tienen ganas de tocar, pero se volvieron adictos a las ovaciones. Que vivan los Pixies y ojalá que se amiguen con Kim y vuelvan a Argentina más seguido que los Die Toten Hosen y todos los viudos políticos de Ramones.

SOUNDGARDEN - 20:15 hs, escenario MAINSTAGE 2.


A mis amigos, fans de Soundgarden, les gustó mucho este show. Debe ser algo así como lo que sentí yo con Johnny Marr y Pixies, pienso. No hay manera de que no te gusten ciertos conciertos que tienen la capacidad de alcanzar ciertos altillos de tu memoria adonde usualmente no llega nadie más, a veces ni vos mismo. ¿Qué me pareció a mí? Antes de la primera canción estaba bastante emocionado con la idea de ver a Soundgarden en vivo. Los primeros acordes del recital me confundieron un poco. Es como si hubiera escuchado bufar al toro, detrás de su corral, como si hubiera olido la dulzura agria de su respiración del otro lado de los tablones, anticipado la adrenalina, pero al abrirse la puerta, alguien me hubiese hecho la broma de soltar un toro viejo y cansado. Eso mismo sentí con el primer tema. ¡Cornell está disfónico! Es decir, bueno, no sé si está disfónico o si lo estaba solamente el miércoles. Puede que haya sido una cuestión de mal timing, que tomó frío o que justo el fin de semana estuvo gritando los goles de Ñuls (tiene cara de hincha de Ñuls). No sé, puede ser. Yo esperaba a uno de los cantantes más potentes de la década de mi generación, que si no fuera porque yo soy tan raro, a veces, podría hasta llamar mi década, y recibí otra cosa. Esperaba que sonara mejor y con más potencia que Nine Inch Nails, incluso, pero recibí otra cosa. Con el paso del show todo mejoró, eso sí. Y hasta mi esposa me dijo que no sabía que conocía tantas canciones de Soundgarden, lo cual da una buena idea del calibre de los hits que poblaron el concierto. Pero no sé. Yo canté los estribillos, amigos, no piensen que no. Pero pedí un cuatro y me trajeron un pomelo.

RED HOT CHILI PEPPERS - 21:45 hs, escenario MAINSTAGE 1.


Eh. Hum. Me alegra haber podido escuchar "The Power Of Equality", pero la medida de lo que significó este show para mí se puede deducir en el hecho de que escuchamos cuatro temas, solamente, y luego nos sentimos muy felices de haber podido viajar sentados en el 168. ¿Para qué decir más?

Disfruté mucho del festival. Eso es todo. Porque soy esa clase de persona. No sé a qué clase de persona me refiero, pero sí sé que esa es la persona que soy y a veces hasta me alegro de ello. Quién lo diría. 

12/11/13

"Hurry down Doomsday (The bugs are taking over)", Elvis Costello (Del disco"Mighty like a rose", 1991).


Ella duerme con la remera de un gran cantante country, ya fallecido, estirada sobre la almohada de su pobre marido celoso. 

Hurry Down Doomsday (The Bugs by Elvis Costello on Grooveshark



Acabo de leer, no sin cierta indignación (sentimiento que detesto, porque no tiene otra utilidad más que delatar la soberbia de quienes, con mayor o menor frecuencia, lo padecemos), la reseña más espantosamente conservadora acerca de Mighty like a rose, mi disco favorito de Elvis Costello, seguramente escrita por un fan de esos que pretenden que los artistas que aman permanezcan por siempre impertérritos dentro de su suerte de mausoleo de Madamme Tussaud, donde el tiempo no pasa nunca para ellos, clonando disco tras disco tras disco o, no, de hecho, no lo pretenden: lo exigen, porque el dinero que gastan, ciegamente (aunque sin duda por voluntad propia y sin sufrir ningún tipo de coerción para hacerlo, a menos que hilemos demasiado fino dentro del mundo del marketing, ejercicio, el cual, me propongo ahorrarnos) en álbumes, remeras, posters, entradas y objetos coleccionables varios, parece ser, les daría el poder arbitrario de decidir la dirección artística de la obra de quienes llaman ídolos, pero cuyo albedrío desdeñan como un amo al de sus esclavos.
Si fuera por ellos, supongo, Radiohead seguiría tocando Creep, los Beatles hubieran seguido escribiendo canciones con letras insulsas conteniendo las palabras Yeah y Love en cantidades pantagruélicas y Lady Gaga... eh... perdí el hilo, disculpen. 
Pero, déjenme decirles: Mighty like a rose, a diferencia de la mayoría de los otros discos del Elvis anteojudo oriundo de aquél lado del Océano Atlántico (incluso de sus mejores y más reconocidos discos, como Armed Forces, Imperial Bedrooms y My aim is true, esos discos que perdurarán durante años y años, como boyas iluminadas, resistiéndose estoicamente a la oscuridad del olvido, que para entonces ya habrá terminado hace rato de digerir a la banda que sea que esté de moda mientras ustedes, queridos y fieles lectores de ayer y hoy y, por qué no, mañana, leen estas líneas, a la cual todos los medios seguramente coronan como la banda más innovadora de la historia de la música desde que Mozart inventó el hip-hop)... este disco tiene una dinámica maravillosa, que oscila entre el barroco beachboyesco y el lo-fi noventoso, pero sin dejar de ser un disco de canciones, y todo esto sucede en el plano de lo impredecible, surcado de una infinidad de tonos sutiles que lo hacen inabarcable y que piden siempre una nueva escucha, cosa que me fascina desde siempre acerca del arte: esa virtud, digo, que tienen los buenos artistas, de moverse lateralmente en un mundo que solamente pareciera tener adelante y atrás.
Y otra cosa que quiero destacar acerca de Mighty like a rose es la calidad de sus letras. 
Mucho se habla acerca de que Bob Dylan debiera ser nominado a un premio Nobel de literatura y, en fin, más allá de la futilidad de toda premiación y de que, de suceder, dicha nominación sería perfectamente justa, lo cierto es que Dylan no está solo en la categoría de cantautores cuyo nivel literario le puede bancar la parada a cualquiera de los más grandes escritores de la historia, y Elvis Costello es uno de los mejores ejemplos de ello. Sus letras pueden variar desde la metáfora más etérea al campo pragmático de la narración sin perder naturalidad, ni dejar de ser orgánicas y creíbles y perfectamente representativas de un artista que, en mi opinión y, aunque en su carrera reciente se haya permitido algunos vicios que diluyen un poco el poder de su talento (pero allá él y enhorabuena, si eso lo hace feliz), reúne casi todo lo mejor de la idiosincrasia del rock en una discografía extensa, variopinta y esencial.

5/11/13

"Bangers and mash", Radiohead (Del disco 2 de "In Rainbows", 2007).




Me mordés, me mordés, me mordés y yo quiero más.

Bangers + Mash by Radiohead on Grooveshark



En el día del cumpleaños de Jonny Greenwood (gran valor de la música vernácula, pero vernácula de otro lado que no es acá; Sir Reverbalot de la Mesa Dodecagonal de la música que se baila en las boites más paquetas de Myanmar y Claypole; hermano de Colin, que no es poca cosa; mezcla rara de Johnny (casi homónimo) Marr, Thurston Moore, los dientitos de Freddie Mercury y penúltimo polizón en viaje a Miles Davis) voy a comenzar este artículo admitiendo, porque sería deshonesto de mi parte no hacerlo (Baal no lo permita), que siento una debilidad particular en beneficio de Radiohead y que a todas luces carezco de la capacidad de elaborar un análisis, digamos imparcial, con respecto a su obra. 
En mí, la música de estos cinco tipitos de Oxford obra un efecto similar, supongo, al que produciría la campanita de Pavlov en aquél tristemente célebre cuadrúpedo (ustedes no lo ven, y alabado sea el Presunto Todopoderoso por ello, pero gruesos hilos de saliva cuelgan de mis comisuras, mientras escribo estas líneas). 
Me da pena confesarlo, como dice el tango, pero es así: el fútbol y ciertas bandas de rock son la línea más corta posible entre mi vida y algo parecido a la Fé. 
Así es la cosa y ya saben, Segurola y La Habana, si tienen algo que objetar. 
Más allá de mi admitido favoritismo, sin embargo, sí creo que Radiohead es la gran banda de mi Generación X (más que Nirvana, incluso, si se me perdona la suerte de blasfemia porque, mirá vos, hay vida después de Nevermind, I shit you not) y que In Rainbows es su mejor disco (dentro de un catálogo apabullante, que incluye a casi media docena de algunos de los mejores discos de la historia de la música) hasta el día de hoy.
Recuerdo la anticipación general previa al lanzamiento (gratuito, o casi, o treta comercial, o no, o qué más da, si la intención es lo que vale y blah, blah, blah) de In Rainbows y recuerdo mi propia ansiedad, las mariposas en la panza, que uno diría que a cierta edad van cediendo espacio a sentimientos más razonables, pero no, chamigo, vea usted que no, ni un poco. 
Recuerdo, sobre todo, la alquimia maravillosa de escuchar el disco por primera vez, en el que constituye, por lo general, el acto más frustrante o satisfactorio en la vida de una persona que ama la música, les diría, y en el núcleo de cuya dualidad se cuece un poder transformador, redentor o condenatorio o ambas cosas al mismo tiempo, algunas veces. 
Ustedes díganme si no hay algo, en el acto de recibir esos primeros sonidos de un disco, de cualquier disco (que no es otra cosa que un desafío a la inercia o un acto de sedición en contra de la nada), de aquella escena en el cuadro de Miguel Ángel en la que el dedo de Dios se junta con los nuestros, excepto que dedo y dedo, en este caso, serían más bien nuestros oídos y su voz.
Esa primera escucha, que fue gloriosa, también fue, no obstante, solamente un preludio a la segunda mitad del disco (la mitad paga, digamos, porque tampoco era cuestión de ganar solamente mucho dinero, pudiendo ganar muchísimo dinero). Esa segunda parte de In Rainbows, cuya calidad está tranquilamente a la par de su mitad precedente, es la que trae Bangers and mash, desde la primera vez que lo escuché y tal vez para siempre, mi canción favorita de Radiohead, que me recuerda, un poco por su vitalidad y otro poco por su casi-clandestinidad de casi-lado B, a Paperback Writer, de los Beatles.
In Rainbows logra algo raro. Une, sin costuras visibles, la energía arrolladora de una banda en su pico creativo con los primeros, inequívocos indicios de que han alcanzado una madurez musical impar, como compositores y como ejecutantes de su propia música. No solamente la voz de Thom Yorke, en este disco, se vuelve más cristalina sin, por ello, perder la urgencia poética que la caracteriza, sino que, además, las aptitudes de Jonny Greenwood como guitarrista y arreglador alcanzan, para mí, su cima más alta. Y el resto de la banda, también, se vuelve un organismo perfectamente simbiótico y compacto a las órdenes del productor Nigel Godrich, quien, notablemente inspirado y con el sigilo letal de un ninja de los botones y las perillas, logra dotar a In Rainbows de una cohesion casi imposible, que no recuerdo haber escuchado en ningún otro disco, de ninguna otra banda, hasta el día de hoy. 

30/10/13

"I had too much to dream (last night)", The Electric Prunes (Del disco homónimo - 1967).


Y, cuando alzaste tu boca para que la besara, llegó el amanecer y ya te habías ido.

I Had Too Much To Dream (Las.. by The Electric Prunes on Grooveshark


Me acordé de un sketch de Cha Cha Cha en el que Luis Pedro Tony hacía un infomercial maravilloso y luego daba pie al locutor (Alfredo Casero, disculpen si su sola mención hiere alguna susceptibilidad política hiperdesarrollada) quien nos informaba que, si por el lechón fuera, se autocomería con chimichurri Worcestershire. 
Si por mí fuera, entonces, y si me permiten trazar una analogía con el estoico porcino que a tanta gente alimenta para las Navidades, pondría en todas las canciones, en absolutamente todas las canciones del mundo, guitarras pasadas al revés e instrumentos efecteados con trémolo. 
Por suerte, no necesito poner esas dos cosas en todas las canciones, porque los Electric Prunes ya lo hicieron por mí en todo su (espléndido) disco, I had too much to dream (Last night), como para aplacar sobradamente mi apetito.
En mi humilde opinión (humilde, ja, sí, no sé a quién quiero engañar), éste álbum se destaca entre la superpoblada escena de música psicodélica de los 60's, tal vez a mitad de camino entre la psicodelia chabón (dentro de muchos años, cuando muera en la más absoluta miseria y sólo me recuerden un puñado de mis acreedores, es probable que los suplementos Afirmativo y Negativo, o como quiera que se llamen en la Nuevalengua del futuro distópico que nos toque en suerte, no me dediquen ninguna necrológica, pero alguno de ustedes recordará que, si de algo me enorgullezco, es de haber acuñado el término "psicodelia chabón", hoy, en este mismo artículo) de los Doors y la sofisticación musical de la Soft Machine de Kevin Ayers o del primer Pink Floyd y, en otro plano, lejos, lejos, donde cagan los conejos, pero lejos, les decía, de la psicodelia brutal de garage o, por qué no, proto-punkodelia de bandas como los 13th Floor Elevators de Roky Erikson. 
Siguiendo el consejo de la mamá de Marge Bouvier de Simpson, no voy a establecer un punto de comparación con otras bandas Californianas más conocidas, como Jefferson Airplane o Grateful Dead, ya que no tengo nada bueno que decir de ellas, en general, más allá de que puedan tener alguna buena canción, pero sí me gustaría hacer mención a otras bandas psicodélicas provenientes del Nuevo Continente, como Moby Grape, Red Krayola y Silver Apples, por mencionar solamente a tres, además de los ya mentados (siempre injustamente infravalorados y sobrevalorados) Doors, las cuales me tomo la libertad de recomendarles, queridos lectores y lectoras y lectoros y lectorus, aunque, personalmente, no me gusten tanto como los Electric Prunes.
I had too much to dream (Last night) es, como su título lo dice, un paseo onírico que no requiere, necesariamente, el consumo de drogas psicotrópicas ni de ninguna otra suerte de aditivo mental para elevarnos a ese cielo de creatividad ilimitada en forma de diamantes, donde Lucy se cruza con el Superman Soleado de Donovan mientras, allí abajo, Timothy Leary surca rutas caleidoscópicas montado en su famosa bici y con destino, ni más, ni menos que a los confines infinitos de la percepción. 

25/10/13

"Son of Sam", Elliott Smith (Del disco: "Figure 8" - 2000).


Hijo de Sam, hijo de la senda luminosa, la mente confundida.



A veces, como en este caso, me da la impresión de que algunas canciones suceden, no solamente en los oídos, ni en un punto fijo de materia gris entre ellos, sino que yendo y viniendo dentro de nuestras cabezas, en toda la extensión de la mente, como luciérnagas intermitentes desperdigadas al azar en un cuarto oscuro.
Será que 
Elliott Smith nació en 1969, un año que, además de guiño-guiño, année erotique (y acá hago una breve y necesaria pausa para permitir que mi cerebro recupere sus facultades, que se bloquean cada vez que piensa en Brigitte Bardot... y...listo, seguimos), fue también un cuerno de abundancia de psicodelia y creatividad. O, no sé, tal vez haya crecido secretamente intoxicado por algún sedimento del LSD que se respiraba en el mundo (o que circulaba por la red de agua corriente, según la leyenda urbana) por aquellos años. Eso explicaría la existencia de ese aparente conducto perceptivo entre su conciencia y las nuestras, la resonancia universal que tiene su música en algunos de nosotros, sus oyentes, como si al escucharla recuperáramos algo largamente extraviado, algo nuestro, intrínseco, más que un suceso externo captado por nuestros oídos.
Son of Sam es el tema que abre el disco Figure 8, el cual puede que sea el disco más logrado de Elliott Smith, o que al menos es, sin duda, el más complejo y elaborado, el más Sgt. Pepper's, podría decirse, aunque introspectivo, no Sgt. Pepper's guirnalda, uniforme y corno francés, sino más bien una prolongación de A day in the life, exclusivamente, o un disco de variaciones sobre el propio John Lennon, lo cual puede ser considerado un defecto, seguro, cuando el producto es poco más que plagiario (es una tentación hablar de Oasis, pero la verdad es que son nobles y componen bien, buenas noches), pero también, en el caso de Elliott Smith, cuyo aporte puede ser considerado como la puesta en escena de la herencia artística de Lennon, sin medias tintas, puede entenderse como una captura esencial de su (digamos, por decir una palabra espantosa, pero a falta de otra mejor) "legado", llevando su música a lugares adonde Lennon mismo tal vez podría haberla llevado, de no haber mediado el lamentablemente frágil estado psicológico de Mark David Chapman.

22/10/13

"We are real", Silver Jews (Del disco: "American Water" - 1998).


Y ninguno de mis cantantes favoritos puede cantar.

We Are Real by Silver Jews on Grooveshark



No sé por qué, finalmente, no pude encontrarle la vuelta a un buen comienzo para este artículo. Estaba entre alguna variante de "dos judíos entran en un bar", el chiste de si me eximirá de ser considerado antisemita el hecho de que "ey, algunos de mis artistas favoritos son judíos" y algo con el dentista de Seinfeld o tal vez con la escena en la peli de Woody Allen en la que el viejo sadomasoquista fantasea con que lo obligan a comer chuletas de cerdo. Pero lamentablemente nada de eso prosperó, así que no voy a insultar su inteligencia haciendo un pastiche, querid@s lector@s, o no voy a insultarla demasiado más que como acabo de hacerlo, usando arrobas para evitar herir susceptibilidades de gente cuyas susceptibilidades suelen ser notablemente fáciles de herir, de cualquier modo (Y, por las barbas de Mahoma, sabe el profeta que con esto no me refiero a la noble comunidad hebraica, por quienes siento un profundo respeto desde la maratón de los cuarenta años en el desierto, que hasta el día de hoy, miles de años luego de sucedido el hecho, sigue siendo un logro deportivo impar y, no estoy seguro, pero probablemente todavía marca el record histórico de la disciplina). 
En cambio, voy a comenzar con la noción mucho menos inspirada de que la vida es extraña y la realidad imita a la ficción y, no sé, imagínense ustedes los muchos otros lugares comunes que podrían venir al caso para ilustrar la extrañeza de estar escuchando un disco y que te de por pensar que el cantante canta raro (de un modo atractivo, seguro, pero raro al fin, como desafinando bien, aunque parezca una contradicción o un truco de la percepción, que seguramente los es, ambas cosas) y que mientras vos estás pensando eso y llegando a la inefable conclusión de que muchos de tus cantantes favoritos no pueden cantar, este fulano Berman cante... ¡Precisamente eso! ¡Que ninguno de sus cantantes favoritos puede cantar! 
Esto me sucedió ayer y por eso hoy escribo esta nota, no para redimir a los cantantes que no pueden cantar, ni a los músicos que no pueden tocar, ni a las cucarachas que no pueden caminar, porque les faltan dos de sus extremidades posteriores, sino para acercarles la hermosa música de los Silver Jews, comandados artísticamente por David Berman y, en el caso que nos compete, con una pequeña ayuda de su amigo y ocasional co-Silver Jew, Stephen Malkmus, quien además es uno de los juglares favoritos de esta corte.
Supongo que lo que más admiro de tipos como Berman y Malkmus es su capacidad Dylanesca para confeccionar elaboradas piezas en prosa, ciñiéndose, sin embargo, a la tiranía de la métrica de una canción, lo cual, comento, para quienes nunca lo hayan intentado, puede ser comparable a meter, de a uno, tres docenas de payasos en el asiento trasero de un Fiat 600.
Aunque lo de la prosa es infinitamente más elegante que lo de los payasos, hay que admitirlo.
¿Cómo hacen? ¿Cómo hacen para decir todo eso y que además sea gracioso y profundo y real, por sobre todas las cosas, como dice, justamente, esta canción? Obviamente lo ignoro; de otro modo, estaría haciendo lo mismo, en vez de conformarme con rimar love con dove y pain con shame.
El hecho es que los Silver Jews amalgaman una literatura inusual con un sonido crudo de guitarras heredado de (lo cual quiere decir, y no hay vergüenza en ello, todos lo hacemos: robado a) bandas como Sonic Youth y Pixies, configurando una arquitectura musical propia, fascinante y también, por qué no, kosher. 

17/10/13

"Bike", Pink Floyd (Del disco: "The Piper at the Gates of Dawn" - 1967).


Tengo un ratón sin casa. Lo llamo Gerald, no sé por qué. Se está poniendo un poco viejo, pero es un buen ratón.

Bike by Pink Floyd_(p) on Grooveshark



Hay dos clases de personas en el mundo: aquellos que aman a Pink Floyd con Syd Barrett, aquellos que aman al primer Pink Floyd post-Syd Barret, en la época de la psicodelia y aquellos. ¡Tres! ¡Hay tres clases de personas en el mundo! Aquellos que aman a Pink Floyd con Syd Barrett, aquellos que aman al primer Pink Floyd post-Syd Barret, en la época de la psicodelia y aquellos que aman al Pink Floyd conceptual y sinfónico de The Wall. Y los que aman al Pink Floyd de. ¡Cuatro! ¡Cuatro clases de personas!
And nobody expects the Spanish Inquisition!

Pero, en fin, sucede con Pink Floyd que, claro, alcanzaron un STATUS.
Y... ¿Qué es alcanzar un status? Es una situación muy curiosa, un tanto ambigua y horriblemente perjudicial para todo lo que tenga que ver con el rock, no con el rock-2.0-Prozac-Fest-limón-gigante-actitud-socialmente-comprometida-a-la-vez-que-políticamente-correcta-jovencita-ex-Club-De-Disney-en-tetas, sino con el rock como esa cosa que nos gustaba tanto y que terminó siendo lo que no era, lo que no podía, ni, creíamos, debía ser, pero sin embargo Woodstock y Hendrix y los 200 Moteles y... nah, lo siento. No funcionó. No sos vos, es el rock, pero todavía podemos ser amigos.
Status, como les decía, significa que adonde vayas va a seguirte el murmullo de los aplausos espontáneos, que vas a comer gratis en los restaurantes, que la gente va a citar ciegamente lo que digas, como si fuera la Palabra Divina, sin importar el hecho empíricamente comprobado de que aún las personas más brillantes suelen decir muchas estupideces.
Status, querido artista o aspirante a, significa que estás muerto. No muerto como los zombies o como Frank Sinatra, sino que detenido, congelado en un punto de tu vida en el que a muchísima gente le pareció que lo que hacías estaba muy bien y que su derecho como público consumidor era el de retenerte eternamente ahí, en Wish you were here, en las cejas afeitadas de Bob Geldof, en los soporíferos arabescos de tu guitarra, descendiente lejana de la lira de Orfeo, cuyo eco fantasmal resuena en los confines del Valle de la Luna, como puede oírse a veces en las noches calladas.
Pero antes del status, mucho antes, Pink Floyd era una banda que no sonaba al SONIDO PINK FLOYD
. Y no quiero decir que el SONIDO PINK FLOYD sea algo detestable, o siquiera malo. Personalmente, sin embargo (y si bien aquí voy a ser valiente y admitir, seguramente para horror de muchos de ustedes, que aún me gusta The Wall y que puedo disfrutar escuchándolo, haciendo caso omiso al cínico que grita y patea dentro del tachito metálico de mi cultura), ya tuve mi cuota de SONIDO PINK FLOYD y creo que puedo vivir el resto de mi vida sin volver a escuchar el solo de Comfortably Numb en su versión live, que dura 87 minutos y tiene tres tipos diferentes de pedales de delay.
Bike, entonces, antes del status, antes del sonido-marca-registrada, es una canción formidable dentro de un disco formidable, extraño, imaginativo, como la banda de sonido ideal para la mente de Lewis Carroll, con un Syd Barrett en su pico creativo, aún más Barrett que drogas, más persona que espectro, una de las grandes mentes del Siglo XX, sobre todo por su capacidad de pensar fuera de los parámetros usuales, fuera de los cánones constrictivos del rock de su época, y cuya influencia ha alcanzado a los músicos más dispares, desde David Bowie a Scott Weiland, pasando por Robyn Hitchcock y Supergrass y nuestro vernáculo y nunca suficientemente alabado Miguel Abuelo, por mencionar algunos.
Porque hay dos clases de personas en el mundo, queridos lectores y lectoras: nosotros y Syd Barrett.

P.D.: Tal vez exagero, pero no quita.
P.P.D.: Sí, ya sé que murió, lo de "en el mundo" es un decir, un suponer.

14/10/13

"Marquee Moon", Television (Del disco homónimo - 1977).


Hablé con un tipo cerca de las vías. Le pregunté cómo hacía para no enloquecer.

Marquee Moon by Television on Grooveshark




Voy a empezar esta crónica diciendo, y ustedes decidan si me creen o no, que la noción de élite cultural me resulta desagradable.
Me resulta desagradable por las razones usuales, porque quién me creo que soy, porque de qué me la doy y a quién le gané, pero también porque, en un punto, sería hipócrita si no me reconociera su víctima, de tanto en tanto. 

Escuchar los discos de Television me provoca, como le provocará a tantos otros aficionados a su música, ese sentimiento ambiguo, a un tiempo placentero y culposo; el placer de creer ser capaz, por arte de magia, quién sabe, o por alguna bendición metafísica o genética, de disfrutar de alguna cosa que presupongo que muy poca otra gente sabría disfrutar tanto como la disfruto yo.
Es una idea estúpida e infundada, pero negar que me sucede, sin embargo, sería de muy mal gusto y, como les decía, indudablemente hipócrita.
Pero (pero) también es verdad que eso sucede, no solamente por virtud de mis defectos (¿Me mandé un Arjonismo, ahí? ¡Mátenme!), sino también porque Television es, de hecho, 
una pieza musical difícil de catalogar (difícil de ponerle el dedo encima, como dicen--en su idioma, como es natural--los angloparlantes); es el producto de la suma improbable de unas cuantas guitarras afiladas y montones de estribillos gancheros y una poesía extraña, cautivante, en la voz de un tipo que canta como Patti Smith (¡pero es un tipo, no es Patti Smith!); un híbrido casi mitológico entre la actitud punk o post-punk o casi-post punk y la habilidad de unos músicos que, mirá vos, además pueden tocar sus instrumentos y lo hacen notablemente bien. Y no es que haga falta catalogar, ni explicar nada, en realidad. La música sucede para ser escuchada, y con eso sobra. Pero es interesante notar cómo, desde una distancia prudencial, el disco se siente perfectamente sólido, dotado de la tangibilidad arquetípica de una banda de rock, pero (y ésto es lo mejor) desde cerca se ven (se escuchan) ciertas superposiciones imposibles entre los elementos autónomos que conforman el todo, los cuales están unidos por una vitalidad cohesiva extravagante y por una innegable lujuria por vivir (como diría Iggy Pop), pero también por una melancolía pesada como collar de sandías (como diría, no Iggy Pop, sino mi viejo) que, al menos eso escucho yo, impregna la obra de cabo a rabo
Es como la melancolía de haber recibido más información que la que uno realmente necesitaba y no saber qué hacer con ella. 
Marquee Moon me hace pensar en esas comidas que difícilmente puedan gustarle a una persona la primera vez que las prueba; que necesitan de la reiteración para terminar de brindar toda la gama de sabores que ofrecen al paladar paciente. Diría que, a diferencia de la ubicua hamburguesa con fritas que serían, por ejemplo, los Ramones, Television es un plato elaborado con alguna carne exótica, ciertas verduras frescas de estación y una salsa condimentada con especias inusuales, no sé, pongámosle que cúrcuma, gengibre y un toque de fruta y un buen vino para darle espíritu.
Y no me malentiendan: puedo comer hamburguesas y escuchar a los Ramones 360 días al año.
Sin embargo, los cinco días restantes (o seis, en bisiesto), serían difíciles de tolerar sin bandas como Television, sin discos (y canciones) como Marquee Moon.

11/10/13

"Sadie Mae", John Lee Hooker (Del disco: "Boom Boom" - 1992).



Vos no sos hierba buena. Dios mío, si ni las vacas te masticarían.

Sadie Mae by John Lee Hooker on Grooveshark



Imaginen que entran a una habitación desconocida, en una casa desconocida (no hace falta que sea Memphis, Tennessee, pero ayuda si hace calor y zumban mosquitos, si el lugar está un poco desolado y huele a kerosene o a lavandina, con un toque de Old Spice, porque el estilo es lo último que se pierde). En esa habitación se encuentran con un hombre viejo, con aspecto de haberse gastado de tanto vivir, un verdadero Abuelo de la Nada, quien, sentado en una silla con el respaldo al revés y con la voz áspera de noches robadas al (y por el) whiskey, empieza a relatar una historia que no es un chiste, no, y no tiene remate ni tiene moraleja. Es la historia de una chica de mala reputación que todavía tiene una chance de redimirse, pero podría ser cualquier otra historia. El viejo habla pausadamente. El tiempo mismo, esa sustancia líquida y escurridiza, parece pertenecerle. Desenreda el relato con precisión, como si conociera los hechos de primera mano, como si él mismo hubiera estado ahí para atestiguarlo todo, y es difícil saber si miente o si dice la verdad, aunque hay algo ambiguo en su manera de gesticular, algo que provoca la sensación de que la historia no conduce a ninguna parte, que es solamente una excusa para que suceda el sonido sobre el cual va montada, que su único objeto es el de no perecer y seguir repitiéndose, siendo repetida, con urgencia animal, como esas películas cortas que proyectan en las exhibiciones de los museos y que al terminar recomienzan de inmediato, como cintas de Moebius digitales (cuánto más romántico y pertinente sería hablar de celuloide, pero el progreso no se detiene a esperar a nadie, menos a nosotros) doblándose y desdoblándose sobre sí mismas.
Eso es el blues, con sus tres tonos básicos que son como los protones, neutrones y electrones de la mayoría de la música que escuchamos hoy. 
Pero en Sadie Mae, además... además está el sonido de la guitarra, un fenómeno anacrónico, secuestrada desde otro tiempo, a los primeros bluesmen, como a mitad de camino entre el ruido y la música, sonando más como los últimos estertores de un animal extraño y moribundo, que como un instrumento musical.
Me llevó bastante tiempo entender que amo el sonido de esa guitarra, no a pesar de estar levemente, o terriblemente (es difícil estar seguro) desafinada, sino precisamente porque esa desafinación representa la identidad individual de la obra y define su estética del modo más conciso y exacto posible.

3/10/13

"Mass Romantic", The New Pornographers (Del disco homónimo - 2000).


Al amanecer, la calle se enciende de luces.

Mass Romantic by The New Pornographers on Grooveshark



Mass Romantic suena como si Stephen Malkmus McFly, el larguirucho lider de la difunta banda Pavement (pero ya volvieron una vez y si la propina es buena, seguramente volverán a volver cuantas veces sea necesario, como sucede con casi todas las bandas que se separan para siempre jamás, punto y coma, el que no se reagrupó se embroma) y el Doc Thurston Moore Brown, el carilavado líder de la sempiterna banda Sonic Youth (aunque ya se separarán, seguro, como suele suceder, si no es que se separaron ya y también volvieron, incluso varias veces, porque realmente no estoy muy al tanto de estas cosas y, lamentablemente, Lucho Avilés ya no me responde los llamados, desde aquél incidente de drogas duras, hermanas siamesas y caramelos Flynn Paff, el cual, como es comprensible, afectaría negativamente su carrera, si saliera a la luz), cargaran de plutonio hasta las verijas el capacitor de flujo del DeLorean y lo aceleraran a 88 millas por hora para llegar sin escalas a mediados de los 60's y reemplazar al primo Mike Love y a alguno de los hermanos Wilson (no sé, cualquiera menos Brian, son demasiados y ya perdí la cuenta) en los Beach Boys, para inventar algo que vaya si los jóvenes de entonces no entenderían, pero que a sus hijos habría de encantarles.
Recuerdo leer de algún crítico poco iluminado que los New Pornographers son una superbanda indie, lo cual es un oxímoron, digo yo, a menos que uno se imagine, mentalmente, a una suerte de Liga de la Justicia sin sus héroes legendarios, compuesta por, no sé: Detective Chimp, Lightning Lad, Changeling, Tantalium, de los Metal Men (sí, créanme, todos estos superhéroes existen y sí, el volumen al que el hecho de que yo esté en conocimiento de su existencia grita: "Geek!", aturdiría al mismísimo Don Ludwig) y los Gemelos Fantásticos (¡ah, claro, a estos sí los conocen, manga de prostitutos del mainstream!) como líderes.
Pero sí, digamos que al menos Neko Case, A.C. Newman y Dan Bejar/John Collins (de la muy buena banda Destroyer) han sabido llevar unas carreras razonablemente prósperas, dentro de su ambiente, a pesar de sufrir de ese terrible flagelo conocido dentro del mundo del espectáculo como: "ser canadiense", el cual, según fuentes confiables, muchos otros artistas se ven obligados a ocultar para poder conseguir trabajo. 

Supergrupo o no, los New Pornographers logran reunir en su disco debut, también llamado Mass Romantic, una colección de canciones magníficas, que en un mundo ideal serían las canciones de moda sonando en los altoparlantes de los imbéciles que escuchan música con altoparlantes en público, quienes no dejarían de ser imbéciles, pero al menos dejarían de ser un estorbo para gente como nosotros, queridos lectores y lectoras, quienes, como el cuervo que quiere que todo sea negro y el búho que quiere que todo sea blanco, referidos por William Blake en sus Proverbios del Infierno, quisiéramos que todo fuera indie rock canadiense.

DISCLAIMER: No, no quiero que todo sea indie rock canadiense, es solamente un artificio literario y no todo lo expresado en esta página representa fielmente mi idiosincracia, ni mi posición estética/ética/moral.

DISCLAIMER II: No hay nada de malo en ser canadiense. Algunos de mis amigos son canadienses y conozco a un tío de un amigo de una prima que una vez fue a Canadá y le gustó bocha.