A veces, como en este caso, me da la impresión de que algunas canciones suceden, no solamente en los oídos, ni en un punto fijo de materia gris entre ellos, sino que yendo y viniendo dentro de nuestras cabezas, en toda la extensión de la mente, como luciérnagas intermitentes desperdigadas al azar en un cuarto oscuro.
Será que Elliott Smith nació en 1969, un año que, además de guiño-guiño, année erotique (y acá hago una breve y necesaria pausa para permitir que mi cerebro recupere sus facultades, que se bloquean cada vez que piensa en Brigitte Bardot... y...listo, seguimos), fue también un cuerno de abundancia de psicodelia y creatividad. O, no sé, tal vez haya crecido secretamente intoxicado por algún sedimento del LSD que se respiraba en el mundo (o que circulaba por la red de agua corriente, según la leyenda urbana) por aquellos años. Eso explicaría la existencia de ese aparente conducto perceptivo entre su conciencia y las nuestras, la resonancia universal que tiene su música en algunos de nosotros, sus oyentes, como si al escucharla recuperáramos algo largamente extraviado, algo nuestro, intrínseco, más que un suceso externo captado por nuestros oídos.
Son of Sam es el tema que abre el disco Figure 8, el cual puede que sea el disco más logrado de Elliott Smith, o que al menos es, sin duda, el más complejo y elaborado, el más Sgt. Pepper's, podría decirse, aunque introspectivo, no Sgt. Pepper's guirnalda, uniforme y corno francés, sino más bien una prolongación de A day in the life, exclusivamente, o un disco de variaciones sobre el propio John Lennon, lo cual puede ser considerado un defecto, seguro, cuando el producto es poco más que plagiario (es una tentación hablar de Oasis, pero la verdad es que son nobles y componen bien, buenas noches), pero también, en el caso de Elliott Smith, cuyo aporte puede ser considerado como la puesta en escena de la herencia artística de Lennon, sin medias tintas, puede entenderse como una captura esencial de su (digamos, por decir una palabra espantosa, pero a falta de otra mejor) "legado", llevando su música a lugares adonde Lennon mismo tal vez podría haberla llevado, de no haber mediado el lamentablemente frágil estado psicológico de Mark David Chapman.

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