"Con el corazón lleno de napalm" es la frase más sinceramente elogiosa y acertada que cualquier persona de este mundo y de cualquiera de los mundos doppelgangers en dimensiones paralelas a la nuestra, por qué no, podría llegar a acuñar para describir la música de Iggy & The Stooges y Search and destroy, en particular, es, si se me permite robarle una frase al genial metaforista Héctor "Bambino" Veira: como abrazar a la bomba atómica.
La simplicidad casi zen, pero cruda y sangrante como una herida abierta o un bife mal cocido, con la que golpea al oyente el riff de guitarra, constituye uno de los puntos de referencia más singulares para las bandas que vinieron después que Iggy y sus chiflados a tratar de hacer algo parecido, sin siquiera saber demasiado bien qué era lo que estaban tratando de imitar.
Me gusta la idea de que ciertas bandas de esa época, como los Stooges, MC5 (y anteriormente tal vez los Troggs, los Sonics y los Monks) se asemejan al principio de la película "La Cosa", de John Carpenter, del año 1982, en la que un grupo de expedicionistas estadounidenses se cruzan con unos noruegos que les dicen "Aléjense de esa cosa: eso no es un perro", pero ellos no hablan noruego y no entienden la advertencia. Tampoco nadie entendió bien, en ese momento, la advertencia en idioma de guitarra eléctrica acerca de la magnitud de la infección que se venía y que habría de propagarse incontrolablemente a través de las décadas siguientes, rompiendo (y corrompiendo) las cabezas y cabelleras de los jóvenes de Londres de finales de los años 70's, teñidas y encrestadas como versiones invertidas de la división de las aguas del Mar Rojo, a cargo del proverbial bastón fashionista de Malcolm McLaren.
Search and destroy sucede al extremo de algo. Haciendo equilibrio en esa zona de la existencia en donde una cosa es indestructible al borde de la fragilidad absoluta, como un cable de acero en su punto máximo de tensión.
La tensión del cable es la distorsión y el punto de ruptura es la diferencia entre canción y ruido.
Porque Search and destroy es, en esencia, una canción pegadiza y genial.
De hecho, sacándole todo lo bueno al tema, uno puede imaginar, sin demasiado esfuerzo, un cover en versión Bossa & Stooges, sonando en el éter de un restaurante de moda, sin alarmas ni sorpresas, sin posible indigestión para los canapés de salmón noruego decorados con finas hierbas de Vietnam a un precio tan alto como baja es la autoestima de quien necesita pagarlo para sentirse validado como miembro de una élite sin propósito.
Como está grabada originalmente, sin embargo, Search and destroy no es otra cosa excepto indigestión: una acidez de gente cuerda provocada por ese corazón lleno de napalm, como ya nos han advertido, que sube como por un ascensor de asco y de aburrimiento y de todos los sentimientos post-adolescentes de quien se halla atrapado sin salida entre los compases de un universo lleno hasta el borde de covers melosos y ropa de diseñador.

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