Acaba de llegar un e-mail a mi bandeja de spam con el asunto "¡Aquí también hay amor!" y decidí que es un concepto espléndido con el cual empezar mi crónica acerca de Morphine y su bonita canción: Super Sex.
Voy a depositar delicadamente la frase en un vacío contextual, digno del Cosmos de Carl Sagan (supongo que la mayoría de ustedes son demasiado jóvenes para recordar ese programa, pero qué más da), y tal vez ustedes puedan, o no, extraer de ella algún significado relevante al resto del artículo, cuan si fuera un manojo de arcilla dialéctica en vuestras manos... eh... mentes... eh... bueno, ustedes saben, a veces me pierdo entre tanta metáfora, pero al final del día es como dice la Biblia en Mateo 21:17: "Y, dejándolos, salió de la ciudad de Betania, y se posó allí"
Sí, piénsenlo.
Pero... ¿Qué tipo de banda fue Morphine? ¡Caramba, esa es una buena pregunta!
Imaginen que Jazz, ese dandy de sombrero de felpa y anteojos oscuros cubriéndole los ojos 24 horas al día, que no puede, por mucho que lo intente, y en realidad mucho no lo intenta, mantener su miembro dentro de sus propios pantalones, un día tuvo un romance con Punk, esa señorita de jeans destrozados, pelo con cresta y piercings en los lugares más insospechados del cuerpo (guiño-guiño). Ahora, bien: Jazz ya había tenido un romance con Rock, bastantes años antes, pero la cosa no terminó en rosas, para nada. Ahora casi no pueden verse y se dividen la custodia de su hijo mayor, Weather Report, y de una veintena de hijos menores desparramados por el mundo, aunque la realidad es que ninguno de los dos quiere hacerse cargo de ellos (y uno no los culpa). Punk, para peor, es una madre ausente, permanentemente en rehabilitación del alcohol y las drogas, y uno de los pocos hijos que tuvo con Jazz, Morphine, salió con los todos los vicios de su madre, pero con ciertos rasgos de la sofisticación paterna que son imposibles de negar.
Morphine es (era, porque Sandman murió de exceso de vida y, aunque la banda siguió tocando con otros cantantes, hasta donde tengo entendido, por lo que pude escuchar de ellos, prefiero tender un manto de piedad sobre sus aventuras recientes y hacer de cuenta que aquí no ha pasado nada y agradecer que siempre tendremos los cinco discos casi perfectos que grabaron bajo el timón creativo de Sandman, impecables como los trajes de color lila del finado Anté Garmaz), pero Morphine era, entonces, un pez raro en pecera ajena, pero no de esos peces chiquitos, cuyo único propósito en la vida es hacer tiempo, esperando que los devore un pez más grande, sino más bien un erizo que se queda ahí al costado y hace la suya y guay de quien ose molestarlos, porque las cuerdas del bajo de Sandman son espinas afiladas y el (los) saxo(s) de Conway es (son) como un veneno lento y poderoso, que va ganando terreno, avanzando despacio por las cavernas auditivas, por los canales del cerebro, hasta el centro luminoso de lo que somos detrás de lo que creemos ser.

¿Fairport Convention? ¿No será Weather Report?
ResponderEliminarBueno, es lo mismo (?) (Gracias, ya lo corrijo, viste cómo es con la fonética, a veces).
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