No estoy al tanto de la estadística (aunque, si hay una característica que me define, por sobre las otras, es que nunca estoy al tanto de la estadística, ni de nada, en realidad; apenas si estoy al tanto de que arriba es arriba, abajo es abajo y la izquierda es el lado donde va el reloj, y pobre de mí si me olvido de ponerme el reloj) pero, decía, que no obstante no estar al tanto de la estadística, no creo que haya muchas canciones de amor cuya letra empiece diciendo "odio un montón de cosas".
Claro que su intérprete luego dice que también ama algunas pocas cosas y que vos sos una de ellas (bueno, no, vos no, alguien más, a quien se refiere en la segunda persona del singular, tampoco te hagas ilusiones), pero para entonces ya está tendida la trampa poética y ya caímos como unos caballos, querido lector, querida lectora, y en definitiva, si no dijera que te ama (¡no, a vos no, creo haber sido claro, por favor no insistas!) no sería una canción de amor.
Dentro del denso espacio de melancolía que es el disco Electro-Shock Blues, sin embargo, concebido desde una posición brutalmente autobiográfica (a diferencia del disco debut de Eels: Beautiful Freak, del año 1996), un disco que Mr. E (A.K.A. Mark Oliver Everett) compuso inspirándose en el suicidio de su hermana, en la muerte de su madre, luego de la larga agonía del cáncer, y en el hecho de ser el último y único sobreviviente de su familia directa (su padre había muerto de un infarto cuando él tenía 19 años), Ant Farm es, por fin, una hendija luminosa a través de la cual asomar la cabeza y respirar un poco de aire saludable.
A todos ya nos han cantado que nos aman en términos absolutos, Homéricos; nos han dicho que sin nosotros las estrellas se caerían y las montañas se caerían y que todo, básicamente, se caería (dicho temor de la ley de gravedad es, por algún motivo, una de las obsesiones recurrentes en ciertos cantantes de amor y me remite a un cartel luminoso gigante con la frase "Llamando al Dr. Freud"). Cuando Paul se pregunta "¿Qué hay de malo con llenar el mundo de canciones de amor?", la respuesta es que esa proliferación simplifica el concepto de amor y lo convierte en una cosa corriente, en un recurso para coger, y puede ser que a mucha gente le funcione eso y que así sean perfectamente dichosos, pero algunos de nosotros preferimos que nos amen en términos mundanos, simples pero honestos, en términos que podamos entender, que nos digan que prefieren estar con nosotros antes que ir a determinado lugar, o que son capaces de aguantarse las ganas de mear para terminar de escuchar lo que estamos contando o, como en este caso, que odian un montón de cosas, pero que nosotros estamos dentro del grupo al que pertenecen las pocas cosas que aman.
Y a pesar de su temática y al hecho de que las melodías del disco se desarrollan en esa frontera extraña, tal vez un poco macabra, entre la adultez y el infantilismo (en la que también están inscriptas las obras de artistas como Edward Gorey, Syd Barret, Terry Gilliam o Tom Waits, por mencionar apenas un par que me vienen a la mente), Electro-Shock Blues es un disco finalmente optimista, cuyo mensaje de esperanza es lo último que escuchamos en la canción que lo cierra: "Tal vez sea el momento de empezar a vivir".

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