9/7/13

"Gun", John Cale (Del disco: "Fear" - 1974).


Madre de muchos, madre de ninguno: me tenés arrinconado y en plena huida.

Gun by John Cale on Grooveshark



Detesto ser yo el portador de las malas noticias, pero ya era hora de que alguien dijera a voz en cuello (siempre quise usar esa expresión, a pesar de que la encuentro absurda o precisamente porque la encuentro absurda) que la famosa batalla entre lo apolíneo y lo dionisíaco es una farsa; que el caos no es otra cosa que el orden observado desde cerca y que el orden no es más que el caos, visto a la distancia.
En ese sentido, creo que el mayor mérito artístico en la carrera de John Cale es usualmente la capacidad de prestarnos su mirada, como un lente a través del cual podamos ver la bella y perturbadora multiplicidad del caos. 
Por otro lado, no nos dejemos engañar: a los señores que acompañan a Cale en esta excursión desaforada hacia el corazón de las tinieblas sonoras (¿Se me fue la mano con la metáfora? Bueno, ¿Y qué?) ya los hemos visto antes, del otro lado de las gradas, vistiendo los colores del club rival (me gusta imaginar la dicotomía entre el orden y el caos, una de las discusiones más profundamente insondables de la filosofía moderna, como un partido de fútbol entre el F.C. Caos y el Orden Athletic, pongámosle, que no sería muy distinto de aquél match entre filósofos griegos y alemanes del Monty Python's Flying Circus). 
Es verdad: los arquitectos del áspero aquelarre musical que es Gun (y todo el resto del disco), son también conocidos oficiales del orden y la disciplina (¡Superagentes del recontraespionaje apolíneo!), como Brian Eno y Phil Manzanera y el mismo Cale, que aprendió a ser un músico formal para poder darse el gusto de olvidarlo luego, en beneficio de su música y mayor beneficio, sin duda, de sus colegas y de sus oyentes.
Si bien estoy seguro de que lo que más me gusta de la canción son los acordes brutales que, como puñaladas, marcan el estribillo y, sobre todo, esos solos ruidosos de guitarra eléctrica, con los que Phil Manzanera me brinda una dicha infantil y profunda, que me afecta de un modo que no sé ni necesito explicar, es necesario destacar la importancia de la base rítmica de la canción: el bajo y la batería, entramados en un patrón repetitivo, surcando el tema de cabo a rabo (otra frase ligeramente absurda -y anacrónica- que me moría de ganas de usar: gracias, generosos lectores) casi ininterrumpidamente durante ocho minutos y un poquito más (¡Como un tema promedio de Yes, pero sin el embole!)
Uno puede pensar en una base rítmica como en un sistema de tracción que empuja el resto de la canción en la dirección que el artista desea y no es extraño, pensándolo de este modo, que los primeros ritmos del blues del Delta del Mississippi (que no ha sido, si se me permite la simplificación, sino un Homo Erectus para el rock de los 50's, a su vez Homo Hábilis para el rock de los 60's: Homo Sapiens del eslabón perdido que en los 70's, partiendo de los experimentos de científicos locos como Cale y sus Velvets, terminó poniendo en pie al Homo Punkus y al Homo New Wavis, y más adelante al Homo Noisis y al Homo Grungis -también conocido como Homo Nirvanis- entre otros homínidos musicales)... decía (tomo aire, luego de otro absurdo paréntesis interminable, y reanudo la idea) que no es extraño que esos ritmos hayan sido creados a imagen y semejanza del ruido de los trenes de carga que surcaban las venas de acero del Sur de los Estados Unidos, llevando y trayendo historias con las cuales se nutriría el futuro de la música popular en la voz de los shamanes y los iluminados, resonando en rotación contínua en las cavernas de nuestro pensamiento desde entonces hasta hoy, desde Robert Johnson hasta John Cale.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Opinar es gratis: